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Gabriela Mistral en Magallanes

Gabriela Mistral junto a sus alumnas del Liceo de Punta Arenas, hacia 1919

La vida en el confín austral marcó a fuego la poética y el pensamiento mistralianos.

La breve pero significativa permanencia de Gabriela Mistral en Punta Arenas (1918-1920) tuvo diferentes aristas. Además de escribir allí Desolación (1922) -una de sus obras más importantes-, la poeta desplegó en la región un fuerte compromiso social, involucrándose por primera vez de manera concreta en un proceso educacional tan complejo como el que suponía la chilenización del territorio. En efecto, Magallanes fue el epicentro del quehacer pedagógico mistraliano en su primera fase, convirtiéndose en el escenario donde la escritora reflexionó sobre nuevos modelos educativos basados en la construcción colectiva del conocimiento.

Una fuente privilegiada para acceder a las disquisiciones magallánicas de la premio nobel la constituye el Fondo Gabriela Mistral, donado al Museo Regional de Magallanes por el escritor puntarenense Roque Esteban Scarpa en 1977. El conjunto se compone de 37 documentos, entre cartas y telegramas remitidos por la autora a ilustres personajes tales como Pedro Aguirre Cerda y Juan Bautista Contardi. Junto con arrojar luces sobre la labor mistraliana como directora del Liceo de Niñas de Punta Arenas, estos intercambios epistolares permiten comprender la génesis y evolución de la doctrina pedagógica de la poeta, así como su visión de las zonas extremas y el sentido que, a su juicio, debía tener la república. En definitiva, la correspondencia refleja los horizontes filosóficos y literarios que orientarían el trabajo posterior de la escritora en las décadas siguientes.

Otro espacio relevante donde Mistral plasmó su aporte fundamental en áreas como la educación popular, la inclusión, la beneficencia y la conciencia ciudadana en la región magallánica fue la innovadora revista Mireya, de la cual fue editora. Dirigida por el poeta Julio Munizaga, la publicación -cuyos seis números circularon entre mayo y noviembre de 1919- incluía textos de autores fundamentales en la literatura, el arte y la cultura universales. En palabras de la autora, se trataba de «una construcción de belleza destinada a irradiar en el alma obscura de este pueblo mercantil».

Revelando la voluntad transformadora subyacente a toda su obra literaria, en estos documentos se vislumbra no solo a la poeta extraordinaria, sino también a la pensadora lúcida, adelantada y desarrollista. Su paso por Magallanes fue fundamental para la inserción del territorio austral en el concierto de la república, contribuyendo a que los chilenos olvidados fuesen incluidos en el país de los gobernantes y de los ciudadanos.


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